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“La campaña de la
goleta Argus”
de Alan Villiers es un clásico de la literatura marítima mundial. Con un
estilo limpio y envolvente, este Comandante de la Armada australiana, y colaborador asiduo en las
páginas del Nacional Geographic Magazine en los años cincuenta y sesenta,
narra el viaje de uno de los más bellos veleros de la flota bacaladera portuguesa, la goleta
Argus, por los grandes bancos de Terranova y Groenlandia.
Invitado por Pedro
Teutónico Pereira, embajador portugués en Washington, se embarca con los
pescadores portugueses en búsqueda de la pesca del bacalao en la primavera
de 1950. A lo largo de cinco meses descubre la belleza cruel de las largas
jornadas de trabajo de más de 18 horas. “La
campaña de la goleta Argus” no
desdeña un cierto sentido de documental, de descubrimiento y de divulgación
de la última actividad económica que hacía uso de la navegación a vela en
viajes transoceánicos: la pesca del bacalao por hombres y barcos
portugueses. A la manera de la época, por “hombres de hierro en navíos de madera”, el retrato literario de una campaña de pesca del bacalao por
pequeñas embarcaciones de madera tripuladas por un solo hombre (en aquel
tiempo, ya solo los portugueses practicaban) sería una narrativa
documental, pero nunca tan fría como los mares en que Villiers convivió con
los pescadores lusos.
Los actores principales de la historia son el propio navío y sus hombres. De igual modo
que en otras narrativas marítimas, el Argus y su gente se funden en un
único universo humano. Tal como sus tripulantes, el barco es personificado
y animado; provisto de un alma grande que, día y noche, respeta y desafía
las contingencias del mar, las tormentas, la densa niebla, los icebergs…
Villiers vivió más de cinco meses como camarada de los pescadores
portugueses y firmó una gesta de aventura y esforzado trabajo en la que el
lector hallará una obra maestra de la narrativa marítima.
Es cierto que las memorias marítimas también se componen de mitos.
Pero este libro comporta una riqueza que va más allá del mito y de la
visión romántica que la narrativa nos da. La construcción de un discurso
histórico y racional sobre La campaña de la goleta Argus y el debate
plural de las memorias construidas sobre la pesca del bacalao no admitirían
el regreso anodino de este libro. Solo se asume la preocupación de
anteponer a la narrativa una contextualización de la obra y algunas pistas
posibles de lectura. No habrá una, sino varias hermenéuticas de La
campaña de la goleta Argus. La que ahora se publica resulta de
una visión detenida de historiador cuyos estudios se han dedicado a
interpretar las memorias del mar portugués.
Tras viaje Villiers
publicó éste libro, grabó un bello documental para la BBC titulado The Bankers y un álbum de fotografías. El
éxito de este libro fue tal que en 1951 ya se había traducido a decenas de
lenguas. Después de más de cincuenta años de su aparición, Ediciones
TREA edita por primera vez en castellano este maravilloso
libro.
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Nacido en Melbourne en
1903, Alan John Villiers, el segundo hijo del poeta y dirigente sindical
Leon Joseph Villiers, creció junto a los muelles, observando los navíos
comerciales. A los quince años de edad hizo su bautismo de mar,
como aprendiz, a bordo del mítico Rothesay Bay, uno de los
últimos veleros que se ocupaban del transporte de mercancías en el mar
de Tasmania, uniendo Australia y Nueva Zelanda. En 1930, Charles
Scribnes's Sons, el editor americano que habría de publicar la mayoría de
sus escritos, se interesó mucho por el más reciente y atribulado viaje
del autor. En 1929, Villiers y su amigo el periodista Ronald Walker
habían decidido hacer una película sobre el Grace Harwar, el
último velero puro que hacía carrera comercial entre Australia e
Inglaterra. El viaje fue tan sobresaltado que hizo que los editores se
disputasen el reportaje. Walker murió en el mar y, por carencia de buenas
provisiones, el escorbuto alcanzó a la tripulación. Resistiendo como
pudo, Villiers registró la dramática experiencia en película y en libro: By
Way of Cape Horn (1.ª edición de 1930)
conoció un éxito extraordinario.
Entre las décadas de
los años veinte y treinta, en tierra y en mar, Alan Villiers nunca dejó
de hacer periodismo para medios australianos y de colaborar con diversos
órganos de prensa de Londres, donde se movía con desenvoltura labrándose
un prestigio.
Entre 1934 y 1936, el escritor-navegante se
hizo célebre por la vuelta al mundo que realizó en el Joseph Conrad, el
buque-escuela danés que había comprado y adaptado para ese fin. Completó
58 mil millas náuticas. Después de convertirse en copropietario de un
velero de cuatro palos —uno de sus sueños— y de entrar en el negocio de
los veleros de recreo —tal vez un modo de cumplir su sueño—, a partir de
1938 Villiers procuró investigar las singularidades de la navegación a
vela en el oriente. Pasó 18 meses a bordo de un barco árabe
en viajes a Zanzíbar, donde se interesó por la historia de la presencia
portuguesa en esta isla del Índico que, en esa época, era un protectorado
británico. Registró la experiencia en un libro: Sonso of Simbad, editado
en 1940, año en que se casó y pasó a vivir en Oxford, Inglaterra.
Durante la segunda guerra mundial, Alan
Villiers sirvió a las fuerzas aliadas. Teniente de la reserva de
voluntarios de la Royal Navy, fue llamado a comandar buques de
desembarque. En 1944 mandó una compañía de infantería de marina en la
invasión de Italia y Normandía. Al terminar la guerra, ya como
comandante, integró las fuerzas que habían ocupado Rangún (en Birmania),
Malasia y las Indias occidentales. Su destreza naval le valió honrosas distinciones. Terminada la
guerra, Villiers regresó a la Marina australiana, como oficial en la
reserva.
En 1951 —antes incluso de estar concluida la
edición portuguesa sobre el viaje del Argus—, el reportaje del
periodista australiano dio lugar a una película, con fotografía y
dirección del propio Alan Villiers. The Bankers. The Voyage of the
Schooner «Argus» era un documental de 50 minutos, en buena parte
filmado a bordo. Sin pretensiones de hacer buen cine, Villiers se preocupó
por componer un reportaje fílmico, sin arreglos o especiales
cuidados estéticos. Comparándolo con el libro, la película solo ofrece la
ventaja de las imágenes en movimiento, articuladas según una secuencia
obvia, de la zarpa a la arribada del navío.
Fue Capitán del Mayflower II durante su
viaje inaugural a través del Atlántico en 1957, 337 años después del
original Mayflower. Estuvo involucrado en casi todos los barcos
importantes de la época Balclutha, USCGC Tagle, Falls of Clyce,
Gazela, Sagres II, y también revisó la restauración del Star of
India. Incluso colaboró en la creación de la replica del HM Bark
Endeavour y asesoró en 1962 la película Mutiny on the Bounty.
7Villers fue un colaborador asiduo del National Geoghaphic Magazine entre
los años 1950 y 1960.
Villiers fue Presidente del Consejo de
Administración de Society for Nautical Research y Comisario del Museo
Marítimo Nacional. Murió el 3 de marzo de 1982 en Oxford
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